domingo, 13 de diciembre de 2009

IZTAPALAPA, ANTITEATRO DEL TEATRO.



Justo cuando se daba la primera llamada en el Teatro Blanquita de la ciudad de México para el inicio del sainete : Ay Juanito No Te Rajes, Rafael Acosta renunció al cargo de Delegado en Iztapalapa.

El histrión cincelado en la academia de la vida iztapalapense, estaba apenas a tiempo para llegar a su camerino y maquillarse y salir a brindar a su público la función de una historia conocida, que no por vista y revista se negaría una vez más a degustarla, pero ahora en la comodidad de una mullida butaca, aire acondicionado y la seguridad de un final feliz.

El espectador en una extrapolación al escenario, viviría su historia en carne viva, y que, por esas cosas del surrealismo mexicano que intuimos perfectamente pero que fingimos no entender, Juanito el personaje verdadero ¿ o falso? debe enmascararse cada vez que sale a escena, bajo un grueso maquillaje para interpretarse a sí mismo como personaje central de un obra de teatro que sirve de espejo a la real politik mexicana al más puro estilo Iztapalapa que por ser muy local, es netamente universal.
En un momento dado, el espectador se pregunta, si lo que ve en el escenario es política ficción o la otra cara de la política mexicana. Más aún, se pregunta, si este es el verdadero rostro del quehacer de la política mexicana que a estas alturas de la puesta en escena, ¿de la realidad? están inmiscuidos hasta el tuétano los principales partidos de México, además del Partido del Trabajo y Nueva Alianza que en un extraña jugada de tres bandas votó a favor de la propuesta a delegada por el Jefe de Gobierno capitalino, quien con mucho rebasó los votos necesarios para obtener su nombramiento por parte de la Asamblea del D.F.




En esta comedia ¿drama? de enredos, hay una percepción, que valga la redundancia, parece ser cierta. “Aiga sido aiga sido”, hoy por hoy Iztapalapa es el verdadero laboratorio de la política nacional a su máxima expresión en donde todas las predicciones fallaron, en un escenario en donde el espectador fue engañado por el propio espectador con la imaginación fallida de la verdad: Clara Brugada protestó formalmente como Delegada de Iztapalapa en un escenario ficción – la Asamblea del D.F. – que fue superado por el escenario real- la explanada del frente de la Delegación de Iztapalapa- que no había que imaginarla, solo observarla para seguir paso a paso el guión previamente escrito.

Pero no solo los observadores políticos fueron auto engañados con la verdad que no alcanzamos ver mientras la estuvimos mirando. En todos estos años, también se auto engañaron algunos políticos mexicanos que amacizaron en su quehacer una fe ciega en los dictados del politólogo florentino que sin reparo alguno lo hicieron asesor – consejero de cabecera sin sueldo ni horario, en sus más íntimas ambiciones de poder.

Hace mucho que la comunidad lectora sabe que el escritor impar de dramas políticos, es ese hombre de Stratford, ese faro de la humanidad llamado William Shakespeare. Ese que no está incluido en el menú frugal del político tradicional. Si estuviera, sabría que por sus obras pululan políticos modernos y escépticos maquiavélicos, pero también brujas, demonios, espíritus y gnomos. Son ejemplos del amor más tierno y de la brutalidad más asesina en escenarios como Italia, las Bermudas, la antigua Roma, Atenas, Troya y el Londres medieval. Si, ese que mejor que nadie relata y pone en escena el episodio más escalofriante de lo que significa la pérdida del poder: El peor momento del Rey Lear se produce cuando el viejo y enloquecido hombre – en una de las escenas más patéticas jamás escrita- camina en compañía del bufón de la corte, tambaleándose por una llanura en medio de una terrible tormenta. Esta escena muestra una sombría visión del mundo caído en el caos: la naturaleza se rebela porque un soberano antaño poderoso se ve reducido a la existencia de un hombre corriente. El Rey Lear es una tenebrosa tragedia en los que lo horripilante siempre linda con lo grotesco.

Mientras tanto, a estas horas en estos instantes en que usted lee estas líneas, el espectador aplaude en el Teatro Blanquita a Juanito como un personaje central que no es Juanito ni en la obra, ni en la política ficción, porque Juanito no es Juanito, ni fallito, sino todo eso, además de Ponfilio que es su verdadero nombre. El colmo o la fortuna de este juego de espejos, es que Juanito tampoco es el personaje central de su propia obra de teatro: Ay Juanito no te rajes. Tampoco lo es Clara Brugada, Ni Marcelo Ebrard, sino Andrés Manuel López Obrador.

López Obrador es una vez más, el nuevo personaje central de la política mexicana que se atrevió hablarle a la política a calzón quitado que, en aquella tarde aciaga, cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial del Distrito Federal ( TEPJF ) le cierra las puertas de la legalidad a la candidatura de Clara Brugada a la Delegación de Iztapalapa, aquel decide resolverlo a su manera.

Es entonces, que en lo caldeado de aquel momento histórico, López Obrador toma una decisión distinta, sorpresiva e innovadora de lo que hasta ese momento era práctica cotidiana de la operación política hacer en lo oscurito. Ahí ante una plaza de Iztapalapa en plena efervescencia ciudadana, López Obrador no llama a sus huestes a la violencia en las calles, ni a la toma de la armas en el monte, sino que ahí mismo en la plaza, quizá inspirado en Shakespeare, quien solía escribir sus obras sobre el mismo escenario, inventa el anti - teatro de la Política Nacional y acto seguido se desnuda para dictar el nuevo guión- estrategia política para tomar la Delegación de Iztapalapa por la vía legal- por la misma vía que se le había negado- siguiendo un método simple pero endemoniadamente difícil de hacer: HABLAR CON LA VERDAD ANTE SUS HUESTES, con pelos y señales sin más poder ni cargo, que el de ser un ciudadano con un millón de seguidores, da instrucciones públicas de la forma en que se tomaría el poder en la Delegación de Iztapalapa.

Aquel masivo pacto político, fue ratificado por Juanito ante la indubitable fe pública, notariada por la inflamada plaza de Iztapalapa, encadenada a nivel nacional e internacional por los distintos medios de comunicación. A continuación López Obrador apoyado en la gente que lo sigue, llama a votar en forma copiosa a favor del ya mítico Juanito, el único caldo de cultivo reconocido por la política tradicional de donde habría de sacar aquella vacuna ANTI –POLÍTICA NACIONAL. No faltó medio de comunicación alguno, de cubrir en detalle del pacto y firma de entrega anticipada de poder de aquel sui generis acervo hereditario, una vez que Juanito tomara posesión como candidato electo de la Delegación de Iztapalapa, en donde quedaría como albacea de la voluntad iztapalapense, Clara Brugada.

Se puede estar o no estar de acuerdo con López Obrador, lo cierto es que este lance anti político en la forma y fondo de hacer política para concretar la crónica de una estrategia anunciada, es un hecho sin precedente en el teatro de la política nacional.

La no llegada de Clara Brugada hubiera sido el principio del fin de López Obrador, cuya estatura política habría terminado apabullada por el nuevo Frankestein iztapalapense que el mismo había creado. En cambio el desenlace de esta obra de anti- teatro multianunciada y sin embargo, inesperada, abre un nuevo espectro político nacional rumbo a la presidencia de la república.



Y ya que hablamos de Shakespeare y del anti teatro de la política nacional, permítaseme indagar que mundos mágicos se conjuran en El Sueño de una Noche de Verano en Iztapalapa con la ruptura matrimonial con Ponfilio y me pregunto ¿qué abismos separan este mundo mágico del mundo de la política en Julio César o Ricardo III ?, en donde aquí, solo hay cálculo y manipulación del adversario, jugadas políticas y estrategias racionales, en un escenario en donde un desilusionado Maquiavelo ya no entiende la política, desde el punto de vista moral sino desde el punto de vista técnico. Hela aquí…

Pero el hombre, el hombre orgulloso,
vestido de un poquito de autoridad,
Ignora lo que tiene más seguro
(su alma de espejo), y como un mono enfurecido,
hace unas muecas tan locas ante el alto cielo,
que los ángeles lloran, cuando nuestras penas
les harían morirse de risa.

William el poeta, nos presenta a la autoridad como un traje. Desde el punto de vista semántico, esto produce una reacción en cadena que conduce a la fusión nuclear y transforma el mundo entero en un teatro: el hombre se convierte en un mono enfurecido que hace muecas ante un espejo.

LA PREGUNTA DEL DÍA.

¿Quién ordenó poner en gigantescas comillas “ILUSTRE INSTITUTO VERACRUZANO” sobre el portal de entrada de tan querida escuela? No fue necesario estar ahí, para saber que el insigne vate Salvador Díaz Mirón se estremeció en su tumba.