viernes, 17 de julio de 2009

IN TUTTO IL MONDO FELICE.

Todo salió a pedir de boca. Todo salió de acuerdo a los acuerdos políticos entre el PRI y lo más arriba del PAN que tuvo por resultado la celebración de cada uno de los bandos. Tiempo hace que no había tanta felicidad en el bunker de Insurgentes Norte, hasta volvió a funcionar el reloj de arena con la misma precisión de hace 50 años.

No se crea que esto es la crónica de la nostalgia rediviva, pero el choque de nueve mil copas que éste fin de semana en son de brindis por el cumple años del gober precioso se extendió desde la ciudad de los ángeles hasta el desierto de Sonora y por el sur hasta lo más alto del Uxmal. ! Esas son fiestas!

Aún con la aparente derrota del PAN, la verdad es que hasta se dieron el gustazo de una cena con manteles largos en la casa de Germán Martínez con invitado de lujo al presidente Calderón ¿Si hubiera habido derrota, cuál sería el motivo de tan selecta cena? ¿El dedazo a favor de Cesar Nava para dirigir los destinos del PAN?

En las calles, todo igual. El ciudadano no encuentra motivo alguno para celebrar, salvo el hecho de que regrese con vida cada noche a su casa. Sin embargo los números y los electores dijeron otra cosa, muy distinta a los descorcha dores de champaña. Las cifras oficiales indican que el PRI estuvo a la baja en la preferencia de los electores, en relación a contiendas anteriores y el PAN se mantuvo ligeramente hacia arriba en su voto duro, pese a que sus candidatos fueron abandonados a su suerte, sin dinero suficiente dentro de lo permitido por la ley para hacer una buena campaña.

En apariencia todo salió perfecto, sacar del camino al PRD que, como se ve, era el objetivo fundamental del acuerdo PRI- PAN para entrar de lleno a la era del bipartidismo mexicano, al que el propio PRD coadyuvó con sus errores suicidas. Jesús Ortega se sintió el gran iluminado para administrar el capital político logrado hasta el 2006, incluso llegó a pensar que sólo era cuestión de tiempo, unas cuantas resoluciones y una patadita para desaparecer al “Peje”. Así con los pedazos en las manos de lo que fue el PRD, Amalia García, Leonel Godoy, Marcelo Ebrard y otros, en su desesperación intentaron pegar los residuos que dejó Jesús Ortega que resolvieron con su aparatoso: “Aquí no ha pasado nada, no hay expulsados, todos somos necesarios”.

La verdad es que hicieron caldo de liebre sin liebre, cometieron el error de hacer acuerdos al “más alto nivel” sin los dos personajes centrales del PRD actual que son Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador. Sin ellos en la mesa de acuerdos, Cárdenas seguirá impugnando públicamente todo lo que se haga en el PRD y López Obrador tendrá ahora tres partiditos que utilizará a favor de las estrategias que vaya tejiendo rumbo al 2012 y a pesar de todo este panorama desolador, a la izquierda en México, no se le debe dar por muerta.

Las consecuencias son que las próximas elecciones para elegir presidente de la República en el 2012 van a ser muy disparejas y en una total inequidad como resultado de las elecciones intermedias del 2009 y con base en la reforma electoral del 2007, pues de cada cien spots, o anuncios o promocionales de los partidos, 41 serían para promover al candidato de la coalición PRI/PVEM, 25 para el del PAN, 13 para el del PRD, siete para el del PT, seis para Convergencia y siete para Nueva Alianza. Lo que rompe el principio general del derecho: “Ante la Ley todos somos iguales”. Usted se preguntará con sobrada razón, ¿Quiénes fueron los jumentos diputados que aprobaron ese mamotreto electoral?

La parte medular de las campañas se ganan con publicidad en los medios de comunicación primordialmente de la televisión y sin esta herramienta de su lado, muy poco o casi nada podrán hacer los otros partidos adversarios del PRI, a quien desde ahora pareciera ser que el PAN le está transfiriendo el poder y las elecciones del 2010 podrían ser un mero trámite.

Al PRI le urge llegar a la presidencia, necesita tomar un segundo aire, pues aunque parezca increíble está en riesgo real de desaparecer al no tener ya nada nuevo que ofrecer. Las últimas elecciones son una prueba de ello, recurrieron una vez más a la alquimia y el astrolabio, o sea los mismos métodos de hace 40 años para ganar y lo que no se toma en cuenta es, que hicieron acto de presencia una nueva generación de electores “anulando sus propios votos”, casi dos millones efectivos, que pueden crecer fácilmente a 4 0 6 millones y esas cifras cambian cualquier deseo, quimera o panorama si se organizan.

Todo eso en el papel, la realidad suele superar la fantasía, no se descarta que pese a la unidad que hasta ahora hubiera en el PRI, los aspirantes a la silla presidencial terminen perpetrando un cisma en el partidazo que los parta en dos o en varias partes, todos ellos se sienten presidenciables y con ese don que les conceden los dioses preparen lanzas y todo tipo de armas mortíferas porque la batalla promete ser a “muerte”.

Por un lado tenemos a Beatriz Paredes que aguantó vara cuando un solitario militante del PAN parecía que derrumbaría al PRI con sus obsesionados y puntuales ganchos al hígado de cada semana, hoy se levanta con la victoria con el reconocimiento de sus correligionarios y se convierte de facto y de jure en fuerte aspirante a la candidatura a la presidencia. Por el otro está Peña Nieto y su legión de Panzers: 47 diputados por el estado de México que son el 10 por ciento de la Cámara de diputados que constituyen los tanques que se supone aplastarán a quien se interponga en su camino rumbo a la silla presidencial en disputa, más los gobernadores que le son adictos y que hizo ganar literalmente con proselitismo in situ. Herrera Beltrán y sus 17 diputados por el estado de Veracruz que van por las presidencias de las comisiones más sustanciosas. Manlio Fabio Beltrones de cuyo liderazgo y experiencia nadie duda. Parás en Nuevo León y otros que van a salir, como siempre sucede, en el momento más álgido.

¿Quién ganará? Es la pregunta que ellos desean que nos hagamos, el cuestionamiento más importante sigue sin respuesta en los últimos 5 sexenios ¿Para qué quieren ser presidentes de México?