sábado, 31 de octubre de 2009

EL “CUAU” COMO FACTOR POLÍTICO.



Se cimbró la tierra y en tsunami amagó convertir la mar, luego que la prensa confirmó su llegada por estos lares. De inmediato la fanaticada salió a las calles para agradecer a los dioses no el regreso de Quetzalcoalt, sino la llegada del depredador de todos los mares, del chamán de todas las canchas, del agorero del fútbol, del emperador de la patada, el arribo surrealista del futbolista que jamás será confundido como un ratón verde, Cuauhtemoc Blanco.

A primera vista, la presencia del Tiburón Blanco en aguas veracruzanas se debe a la intención de que él, conduzca de regreso a las tintoreras azul-granas a sus aguas naturales, que la mejor afición de México disfrute fútbol de primer nivel y liberar a los tiburones de la pecera doméstica en que ahora sobre viven.

Cierto, la veneración que existe de la afición veracruzana hacia éste devastador divino no querrá mirar más allá de la magia que éste haga con la bola sobre la cancha del Pirata Fuente. Sin embargo, cuando se analizan las entrevistas y la información generada por los directivos del “Tiburones Rojos”, uno tiene que llegar a la inequívoca conclusión que las razones de la contratación de Cuauhtemoc Blanco son por encima de las deportivas, de exclusivos intereses políticos porque el 2010 es un año electoral. Sin duda, el Fabricante de Espejos ha descubierto ¡El hilo negro!

Para nadie es un secreto que el “jurgol” como le dicen los peninsulares, ha sido el oscuro objeto del deseo de ciertos políticos, una vez que se percatan que si se añadía este ingrediente a la política, bien agitado y diluido resultaba una extraña pócima de poderes casi mágicos, productor de reacciones como la adoración y la obediencia a quien se los proporcionara, en éste caso, había que aderezarlo con algún pretexto, como el regresar a la primera división a los “Tiburones Rojos” para hacer comestible esta agradable mascarada.

La amarga realidad es que durante años, los tiburones rojos habían hecho toda una tradición, el nadar en las profundidades de la “tabla” hasta que a un empresario de la tauromaquia – Rafael Herrerías- fue invitado a hacerse cargo del equipo con Gustavo Parente en calidad de presidente de la Directiva. Quién lo iba a decir, que un Herrerías sin antecedentes en el negocio de las patadas, que lo único redondo que conocía era la arena de la “Plaza México”, le iba a poner el cascabel al gato y de entrada su gran acierto fue precisamente contratar al gran Cuauhtemoc Blanco – que pasaba un mal momento en el América- reto que aprovechó el tepiteño para conquistar Veracruz y México, desde donde alzaría el vuelo del Ave Fénix para renacer de las cenizas hacia su retorno a la gloria plena, sin regateos.

A partir de ahí y orientados por su liderazgo, los Tiburones Rojos lograron meterse hasta una liguilla en la disputa por el campeonato de fútbol de primera división en el segundo semestre del 2004, terminando la fase regular en el primer lugar siendo el superlíder con 35 puntos.

El carisma del Cuau, logró contagiar a sus compañeros para hilvanar 8 triunfos consecutivos que le dieron al Tiburón y a su afición las esperanzas de un nuevo título. Lo que parecía un equipo más, se transformó con la individualidades de jugadores como Kléber Boas, Pablo Quatrochi, Christian "Chaco" Giménez, Braulio Luna, Joaquín Reyes y Gustavo Biscayzacú.

Cuando el actual gobierno recibió el equipo, en vez de incrementar ese apoyo para iniciar o regresar a las añejas glorias de antaño, lo primero que hizo fue desmantelar el equipo en una negociación bizarra. En el Clausura 2005, vienen las amputaciones al plantel con la salida de Cuauhtémoc Blanco y Kléber Boas. A cambio llegó un jugador fraude sazonado con refuerzo cotizado en la persona del jugador argentino Leandro Romagnoli, quien no llenó las expectativas de la afición y del equipo, a pesar de haber sido la “contratación” más cara en la historia del fútbol mexicano moderno, lo que vino a enturbiar más los movimientos dentro de la institución.



Como un maleficio caído sobre la afición jarocha, su adorado equipo cayó dramáticamente hasta los últimos lugares, para protagonizar una de las peores campañas. Para la fecha 6 el director técnico Wilson Graniolatti sale del conjunto, pero no se iría solo, sino acompañado de Rafael Herrerías, quien se ostentaba como dueño del equipo y también de Gustavo Parente, el presidente de la directiva.

El gobierno del estado de Veracruz toma al equipo y designa a Gerardo Gallegos como presidente de la directiva, como director técnico Víctor Manuel Vucetich cuya trilogía apocalíptica llevarían al equipo al penúltimo lugar con 14 puntos al final del torneo. Para la apertura 2005, estalló el escándalo de Herrerías y el presunto fraude que se había fraguado contra las arcas del gobierno de Veracruz usando el fideicomiso de los Tiburones Rojos, nunca pudo esclarecerse a satisfacción de los veracruzanos pese a que desde el Congreso Local algunos diputados denunciaron la situación del fideicomiso “Tiburones Rojos” tratando de transparentar el asunto. ¿Qué pasó ahí?

Gerardo Gallegos trepado en la directiva para dar la cara, “hizo” las peores contrataciones de su vida, para hacer llegar a ilustres desconocidos, Joel Sánchez, Alejandro Leyva, Miguel Acosta, Marco Jiménez, Humberto Gutiérrez, Hiber Ruíz y Hugo Gómez, con excepción del tico Oscar Emilio Rojas que siempre se dio en la cancha, y la contratación de Juan Carlos Chavez que venía de la primera “A“ como director técnico del León, vino a precipitar la salida de gente valiosa como a Christian Giménez y el experimentado Isaac Terrazas. Consumatum est!.

Queda en tela de juicio el supuesto deseo de dar a la afición jarocha un gran equipo en la primera división, porque cuando se tenía todo para realmente empezar a cincelar un equipo grande, con tradición, con fuerzas básicas, con infraestructura, con verdadera administración con visión futurista. Ni un inexperto como Herrerías cometió tantas torpezas. El equipo en manos del gobierno, todo se hizo pedazos en situaciones absurdas, oscuras. Sobre todo, nunca hubo la mínima intención de esclarecer el escándalo. En suma, se jugó y muy bien – ahí sí- con la nobleza de la mejor afición de México. La veracruzana.

No habrá que esperar mucho para saber si estamos equivocados. Allá por el mes de marzo del 2010 veremos. El Fabricante de Espejos desea estar errado ya que es fanático del “Cuau” y ojalá su regreso, sea un punto de partida y no una medida electorera, de pan y circo para época de elecciones, que sirve además, para desviar la atención sobre las miserias de la clase política que ya desmayó en las playas del paquete fiscal, con nulo talento y cero compromiso con la gente que les entregó lo más preciado de la libertad en la democracia: el voto.